Te contaré una historia si prometes no pensar,
que algo coherente yo te voy a explicar.
Es la historia de la dulce y pequeña abandonada,
que una noche de verano en el bosque fue olvidada.
Caminó por diez caminos,
navegó por diez destinos.
Jugó en días de tristeza,
y se comió tres mil cerezas.
Ya cansada de buscar,
decidió por fin parar.
Y sin darse cuenta alguna,
llegó a una dura conjetura.
Que por siempre sola estaría,
y nadie nunca la abrigaría.
Cerró los ojos con lagrimones,
como si hubiera exprimido limones.
Y en su pensamiento se quedó dormida,
tal vez al otro día mejor se sentiría.
Pero ahora estaba flotando,
una o dos horas, no se sabe cuanto.
¿Dónde estaba ahora subida?
Era lo más bello que había visto en su vida.
Un almohadón blanco la sujetaba,
la mecía y acariciaba.
Ya no quería estar abajo,
aquí arribita no pasaría trabajo.
Pasaron los años hacia delante,
y ella vivió en la altura tan elegante.
Esta es la historia de la niña que en las nubes vivía,
por estar pensando que sola estaría.