Camaleón

diciembre, 2014

camaleon

Con la autoestima sumergida en las profundidades de un abismo, Jeanne tomó la decisión de cambiar de hábitos y de aspecto. Harta de miradas que la esquivaban cuando intentaba enfrentarlas, de voces que decían todo sin comprometerse en nada, de sonrisas burlonas que se tornaban muecas cetrinas, cambió sus vaqueros raídos por faldas tubo de tejidos sedosos. Desterró el color de su armario ropero para no destacar en la inexistente escala cromática de la oficina. No se pondría más camisetas con mensajes esperanzadores, provocativos o soeces. Sus perchas se llenaron de camisas blancas de inmaculado brillo y los viernes tal vez se permitiera desahogar su frustración con un collar descolorido. Eso era lo máximo que su yo interior se atrevía a destacar.
Pronto se granjeó el respeto de los demás y empezaron a mirarla con otros ojos. Sus ideas se tornaron brillantes, sus soluciones más eficientes y sus comentarios junto a la máquina del café eran los que más sonrisas sinceras despertaban. Comenzó una escalada de puesto en puesto, de responsabilidad en responsabilidad, que obedecía a su capacidad de dar la razón, de confundir sus propias ideas con las de los demás, de ser el perfecto clon de los que la rodeaban.
Jeanne se apercibió de que su estrategia de mimetización podía escapar de las cuatro paredes de la oficina. Cuando iba a comer a casa de sus suegros no olvidaba nunca reposar una chaqueta de punto sobre sus hombros ni calzar parisinas. En las reuniones de sociedad de las que antes rehuía ahora era el eslabón más brillante. Conversaba de programas de sobremesa con amas de casa en el supermercado, de normas de protocolo con las esposas de sus jefes en los clubes deportivos y de ardientes posturas sexuales con su marido. A cambio, obtuvo una vida vacía pero llena de todo cuanto pudiera pedir, tal era la impresión que causaba en los demás.
Jeanne se transformó en un camaleón, siempre dispuesta a destacar a fuerza de no sobresalir, de integrarse como una pieza bien engrasada de la maquinaria.
Pero cada vez que se introducía en un nuevo ambiente, perdía un poco de sí misma por el camino. Borró de su memoria todos los recuerdos que no resultaban convenientes: nunca había pintado la pared del salón con ceras cuando tenía seis años; nunca se había acostado con ningún hombre antes de casarse; nunca había ido a un festival de música… nada incorrecto, nada que reprocharle.
Llegó el momento en que Jeanne se hizo invisible a los demás: nadie se acordaba de ella al organizar una fiesta, nadie sabía decir qué era lo que hacía de ella una persona distinta y especial, y el día en que por fin se dieron cuenta de que había desaparecido, nadie supo dar su descripción a la policía.

 

Escrito por: Patricia Millán > www.relatosenconstruccion.com
Ilustrado por: Carolina Aloy > carolinaaloy.blogspot.com.es

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Un Comentario

  1. […] colaborado en otros blogs con mis relatos. Podéis leerlos, por ejemplo, aquí y aquí. Me he formado con varios cursos sobre TICs, redacción en Internet y reseñas literarias. […]