De su pueblo a madrid

julio, 2014

 

De su pueblo a madrid

No conocía los aeropuertos. Procuraba que sus largas travesías por la Gran Vía fueran asombrosas. Saludaba con beso volado a inmigrantes e intercambiaba ojos con niños y ayudaba a cruzar la acera a los ciegos y escuchaba los eternos monólogos de los ancianos. Ella sabía más que ninguna otra mujer de valentías y aseguraba, esperando el regreso de su amado, que los sueños se cumplían, que para eso estamos en esta vida. Nunca le confesó a nadie cual era su sueño. Recorría discotecas vestida de negro y si la ocasión se prestaba, se dejaba acariciar sólo un poco. Rara vez prometía un segundo encuentro. Arribaba a su pueblo vestida como señorita mojigata para demostrar a su familia, que la ciudad no había hecho de ella una mujer frívola y coqueta. De regreso a Madrid cogía el tren de cercanías de las seis de la tarde y en el asiento del fondo, se desnudaba volviendo a ser la misma o quizá se transformaba en otra, no estaba segura. Recordaba la tranquilidad del fin de semana soñando la llegada del día en qué, se iría a atrever a presentarse vestida de negro, fumando, perfumada y con el cabello revoloteado, frente a sus padres. Quería conquistar un corazón angustiado, torcido y sentirse capaz de enderezarlo. Frecuentemente era sorprendida por pesadillas con las que se acostumbró a vivir. Aranzazu, su mejor amiga, le regaló una llave de fierro que se encontró a la salida del cine, arguyendo que escondiéndola bajo la almohada se curaría de la angustia que producen los sueños imposibles. Se abrió la noche y estando sola recordó el entusiasmo torpe de su amiga y antes de acostarse dijo:
¡una mierda! –, y arrojó la llave por la ventana.

 

Escrito por: Cristian jara > loquelepasaalagente.blogspot.com.es
Ilustrado por: Marc Longan > www.facebook.com/marc.longan

 


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