Después del final

agosto, 2013

Después del final

 

“Los lobos se habían marchado, ya no había peligro en el camino. La luna se dejaba caer sobre las copas de los árboles, la veía dormitar como si fuera un animal enfermo, parecía incluso que no brillaba con la misma fuerza. “Parece que sufre”, pensé “como si fuera a morir”. Imaginé las noches sin luna. “¿Qué sería de los poetas?”, me dije, “¿de quién se enamorarán cuando la mujer por la que suspiran versos se marche? Quizá por eso los lobos se han ido”. A lo lejos, la casa se empequeñecía en la distancia, apenas se hacía notable la luz que emergía de las ventanas. Todo me parecía triste, gris. Los pájaros descansaban sobre las ramas, el viento mecía sus pequeñas plumas y se acurrucaban estremecidos por el frío. Crujió una rama. Perdí el equilibrio y caí al suelo haciendo un sonido sordo.
– Es demasiado tarde para dar un paseo. -Habló una voz desde la oscuridad.
– No doy un paseo. Estoy escapando.
– ¿Y por qué huyes? -Escuchaba sus pasos, achiné los ojos e intenté enfocar la negrura que se extendía entre los árboles.
– Mi madre dice que no debo hablar con desconocidos. -Contesté, todavía desde el suelo.
– También te dijo en una ocasión que no te salieras del camino.
Y entonces lo reconocí. Sus ojos grandes brillaron con intensidad. “Por eso la luna no quería brillar”, comprendí, “tenía miedo”. Avanzó con grandes pisadas, era el lobo. El lobo negro que me perseguía en mis pesadillas desde aquella tarde en la que nos cruzamos camino a casa de la abuelita.
– Creí que habías muerto.
– Y yo que tú habrías aprendido la lección. ¿Cuánto tiempo ha pasado, Caperu? ¿Un año? ¿Dos?.
– Diez.
– ¡Diez! Vaya… Estás igual que aquella tarde. Parece que vayas a romperte en cualquier momento. ¿No te da la sensación? Ni siquiera puedes ponerte de pie. Tan frágil. -Se hizo el silencio. Quise levantarme, pero mis piernas temblaban descontroladas. -Dime, ¿qué tal la abuela?
– Murió. Hace tres años. Soñaba contigo, ¿sabes? Que regresabas. La devorabas. Murió de un ataque al corazón.
– De veras lo lamento. -Dijo. Pero sus palabras no mostraban ni una pizca de compasión. -¿Por eso te marchas? -Él lo sabía. Por eso estaba aquí esta noche, por eso los lobos se habían marchado y las aves temblaban, escondidas en las alturas.
– No finjas, lo sabes perfectamente. No podía esperar más, encerrada en mi casa durante tres años, aguardando que vinieras a por mí. ¡Quién iba a decirme que justo esta noche sería la que…!
– Ssh… -Me calló. La aspereza de su voz me cortaba la respiración en seco.-Sabes cómo funciona esto. Tu vida por la de ella, así lo acordamos aquella tarde. Ahora que ha muerto finalmente, me perteneces.
Y era cierto. Aquella tarde hacía diez años nos tenía a todos contra sus zarpas. No había escapatoria. “¡Espera!” Grité. “Hagamos un trato”. Y él, intrigado, accedió a escucharme. “Perdónales la vida, mi pobre abuela no merece esta muerte, deja que perezca de anciana, no devorada entre tus fauces. El cazador anunciará que te mató y nadie volverá a darte caza”. “No sé en qué me beneficia todo eso”, contestó, “esquivo a los cazadores como me place”. “Y yo seré tuya”, continué, “cuando mi abuela muera, si la dejas en paz, yo te perteneceré para siempre”.
Y así fue. Desde aquella tarde nadie volvió a saber del lobo. El cazador vivió arropado por el triunfo, se escribieron libros, la hazaña se extendió por doquier, pero nadie conocía la verdad. Y ahora había llegado el momento, me encontraba mirando a la muerte en mitad del bosque, donde nadie podría acudir a mi rescate. La brisa me acariciaba con calma, aun y todo, era una buena noche para morir. Él había cumplido su parte del trato. Ahora me tocaba a mí.
– Te di mi palabra. -Dije, levantándome al fin. -Haz lo que sea menester.
Terminó de avanzar hacia mí, abandonando la oscuridad. Y al encontrarse su pelaje con la luz de la luna, se alzó sobre dos patas hasta adquirir la forma de un hombre joven. Boquiabierta volví a caer al suelo, pero él me retuvo entre sus brazos.
– Durante diez años he aguardado. -Confesó.-Lo único que me faltaba para volver a ser completamente humano… -Se acercó con cautela hacia mis labios, susurrándome. -El corazón de un alma inocente. -Sentenció con dureza. Y sin darme opción a reaccionar, hundió su fría mano en mi pecho, arrancándome el corazón ante mis ojos. Los gritos se ahogaron en mi garganta, mi mirada se congeló ante sus pupilas frías e indiferentes. Caí de rodillas al suelo mientras observaba cómo apretaba con ansia mi corazón entre sus manos. Y antes de que perdiera el conocimiento por completo, susurró cerca de mi oído:
– Ahora no tienes alma. No tienes corazón. Eres una bestia sin sentimientos. Escóndete donde nadie te encuentre, huye de la luna hasta que llegue el momento y busca un corazón inocente si quieres volver a ser lo que eras. Los niños suelen ser la apuesta más segura. Y no sientas piedad. Te aseguro que yo no la he sentido contigo.”

Escrito por: Roxy Varlow > universocomprimido.blogspot.com.es
Ilustrado por: Amanda Segurado > www.amandasegurado.com

 


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