Dios lo quiere

enero, 2013

Deus vult, rezaba la inscripción a sus pies. Se detuvo de nuevo allí, después de haber recorrido la cripta en busca de más frases latinas, pero todas las lápidas mostraban, limpiamente, sus superficies desgastadas; sólo aquella decía algo con claridad, sólo aquel recuadro en el suelo, muy mal iluminación, había traspasado la barrera de los años para llegar hasta sus pies sin haber enmudecido.

Al salir, la intensa luz del mediodía le hizo detenerse unos instantes bajo la sombra de un roble, hasta que sus ojos se acostumbraror y pudo continuar recorriendo los jardines del monasterio.

De repente oyó como alguien gritaba su nombre.

-¡Por fin!- Le dijo el guía del grupo, al verlo- Llevamos varias horas buscándole por todas partes.

– ¿Horas? Si hace un momento que…

El grupo de visitantes se fue arremolinando en torno a él, sus caras denotaban interrogación y enfado, pero también alivio. Al fin, se encaminaron hacia el autobús, que los estaba esperando a la entrada. Él no se atrevió a mirar hacia atrás, se limitó a comentar con sus compañeros de viaje lo mucho que le desconcertaban las inscripciones en latín.

Escrito por: Agustín Calvo Galán > proyectodesvelos.blogspot.com.es
Ilustrado por: O Cabrita > www.ocabrita.com

 


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