El color del pecado

mayo, 2013

El color del pecado

Nunca te fíes de los hombres que se vistan de negro, me dijo una vez mi madre cuando era pequeña. No le pregunté el motivo, ya que creí conocerlo. ¿Sí no por qué había dejado de ir a misa los domingos de aquella manera tan repentina? Recuerdo que mi padre no se tomo nada bien que ella dejase desatendidas sus obligaciones cristianas. “No puedes vivir sin confesarte,” le repetía, exasperado. En cambio la reacción de mi abuela fue más apacible, aunque más agotadora también, ya le daba igual que estuviese en el supermercado como en la peluquería que, de sopetón, juntaba las palmas de las manos y comenzaba a rezar para que mi madre volviese a las misas dominicales. Sus ruegos no sé si llegaron al alto mando celestial, pero el caso es que mi padre decidió actuar, aunque no sabía muy bien cómo. Fue entonces cuando una tarde, viendo un anuncio de pizzas a domicilio, se le ocurrió que uno también podía ser liberado de sus pecados a domicilio. Así que ser marchó con una sonrisa y, una hora más tarde, regresó acompañado con el cura de nuestra parroquia. Me alegré de ver a éste vestido de paisano y no con su habitual sotana negra, pensando que así mi madre no se disgustaría. No obstante ocurrió todo lo contrario porque, en cuanto lo vio, fue corriendo a encerrarse en su dormitorio y amenazó con no salir de allí hasta que él se marchase. Su ultimátum no fue más que un conato, ya que, en cuanto mi padre y abuela se arrodillaron delante de la puerta y le suplicaron que se confesara, incomprensiblemente, mi madre accedió. Por aquello del secreto de confesión, ellos los dejaron solos, y se retiraron, satisfechos, al comedor. Por mi parte, como la curiosidad por conocer los pecados de mi madre crecía por momentos, me las ingenié para esconderme debajo de la cama sin ser vista. Desde mi privilegiada posición pude escuchar, extrañada, que no era mi madre quien pedía perdón, sino el párroco, por algo que no entendí bien. Porque ¿qué relación podían tener unos cuernos con una morena siliconada? Aunque tampoco pude comprender el sentido de los gemidos que vinieron después, quizás era demasiado pequeña para entender que el negro era el color del pecado.

Escrito por: Desirée B. Silvage > leeresperjudicialparalasalud.blogspot.com.es
Ilustrado por: Hernán en H > www.hernanenh.blogspot.com.es

 


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