El meteorólogo en paro

Mayo, 2013

El meteorólogo en paro

Erase una vez un meteorólogo que estaba muy triste, porque, en lugar de tener trabajo, estaba en el paro. Esto significa que los señores que tienen el dinero y que lo habían contratado para que nos dijese a los demás qué tiempo haría el día o la semana siguiente en la península y Baleares y Las Canarias, y también en Europa y el Norte de África (que eso es a lo que se dedica un meteorólogo), decidieron prescindir de sus servicios, puesto que, seguramente, habrían contratado a alguien a través de una empresa temporal, o tal vez a un becario en prácticas, que son modos de ahorrar dinero a costa de sumir a las personas honradas en la precariedad. También es posible que hubieran colocado al hijo de algún mandamás de la compañía, pero entonces no tenéis que preocuparos de él, porque, no sólo habría sido incorporado con unas condiciones inmejorables, sino que además, cobraría el doble o el triple que nuestro desafortunado meteorólogo.

–Oh, nubes viajeras –se lamentaba nuestro pobre meteorólogo en paro, tumbado sobre el césped de un montículo– que antes de llover, teníais siempre la deferencia de contárselo al satélite Meteosat, para que yo pudiera anticiparlo a los demás durante el telediario: ya nunca más volveré a sentirme como un mago, gracias a vosotras; ya nunca más volveré a decirle a los telespectadores cuándo sacar el paraguas del armario, o cuando deberían guardarlo de nuevo. Ahora soy lo que vulgarmente llaman un vago (los pobres tienen siempre la culpa de todo lo que les pasa), un perdedor.

Y las nubes, muertas de tristeza, llovieron una lágrima enorme, que vino a caer no muy lejos de donde yacía el meteorólogo en paro. Y se prometieron a sí mismas llover y llover, hasta que la patronal se viese obligada a readmitir a nuestro buen meteorólogo.

Escrito por: José Icaria > joseicaria.blogspot.com
Ilustrado por: Alba Calaf > www.albacalaf.com

 


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