La fuente perfecta

junio, 2013

La fuente perfecta

Lo primero que necesitaba para mi misión, según se mire, era no sentirme culpable. Así salí a buscarte. Me había portado como un completo gilipollas mientras tu, que casi siempre te interesaste por mi, no contestabas ni a mis llamadas, ni a mis señales de humo, ni a mis estudiados acercamientos a través de terceras personas. A ti que me creíste y confiaste en mi, y ahora no estabas. Allí dónde quisiera Dios encontrarte seguramente te sorprenderías tanto como yo al verme llegar.

Todo cuanto hablaba siempre había sido para ti la verdad. Lo de mis acciones de navajas en Suiza, eso te hacía reír y a mi me gustaba verte reír hasta que ya no podías más. Me gustaba cuando follábamos y volvíamos a reír, cuando repetíamos una palabra las veces que hacía falta, gastando cada una de sus pequeñas letras como si fuesen viejas cintas analógicas, TEEeeeee… QUII…. e.. Volviéndonos cada vez más lentos, incapaces de completar un círculo perfecto. Un día redondo. Ro… Por eso sintiéndome tan jodido, ahora tan fuera de mi, lo único quería era mirarte y vivir culpable sabiendo que me volverías a creer.

Ignoro que estarías haciendo y tampoco te importaba, con el morro perforado y debajo de tu labio de abajo, nos mirábamos. Nos parecíamos tanto que a veces dudaba en preguntarte dónde podría encontrar otro círculo igual, otro planeta dónde volver a enamorarnos, si te perdía. Me preocupaba recordando la fuente perfecta, allí dónde empezamos a sospechar de la sombra de un bonsái. Insistiendo en acompañarme con otros rostros, otras manos. Dudaba. No te encontraba en las ambulancias. Me senté a mi izquierda.

Solamente intenté pintarte, dibujando tus líneas, tu pozo, notando la mano de una flor sobre mi mano y me asustó su libertad, los lugares. Todas las cosas que me explicaste y que aún podíamos hacer, cantar, nacer sin saber lo que habíamos salido a buscar, sin pronunciar palabras, sin escribir. Bebí soltando tu boca y el ángulo de la intensidad fue tan perfecta en su caída que al volver a casa, y si no hubiese insistido por más instantes que aquél, la perfección en ti; sabría que siempre estaría abierta tu libertad.

Y la mia, aunque fuese algo eso que por lo que sé ya no te importaba.

Escrito por Edu Montoya > www.demontoya.blogspot.com.es
Ilustrado por Nicolás Aznarez > www.NicolasAznarez.com

 


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