La niña sin palabras

octubre, 2014

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La niña, aunque perdida, disfrutaba de esos charcos saltando y aplaudiendo. Además por la acera se encontraba mucho mejor ya que iba pisando las baldosas una a una sin saber que podría encontrar. Al igual que con una caja de bombones, no sabía lo que la siguiente baldosa le iba a regalar. Con suerte se encontraba las grandes baldosas huecas que la llenaban de alegría y de agua. Sus iris tiernos y grandes brillaban entre tanto color y sus pupilas, cada vez más pequeñas, se estremecían de alegría. Miraba el cielo y no lo veía nublado, lo veía completamente lleno de luz, luz que se transmitía a través de su mirada. Pero llegado el momento pensó—¿dónde está mamá?—Y entonces se estremeció, dejo de saltar y se quedo completamente quieta en el charco situado justo en el medio de la calle. Justo en el centro de la carretera. En ese mismo instante unas luces amarillas que parpadeaban se acercaban muy rápidamente hacia la dichosa niña y ella, temblando de agonía paralizada se quedó. Además también se agarraba las manos fuertemente y con agonía mientras pensaba—y mamá, ¿dónde está mi mamá? La puerta del coche se abrió y mientras se abría la niña escuchaba unas voces que no comprendía muy bien. Al instante que la puerta se cerró un hombre adulto, bien entrado en años empezó a hablar. —Niña, ¿qué haces aquí solita? Y muriéndote de frío, estás empapada. ¿Dónde está tu mamá o tu papá? La niña acongojada solo pensó que ella tampoco sabía la respuesta. —No me vas a contestar ¿verdad? Ella solo sabía mover los brazos y las manos de una forma incontrolada y el hombre no supo entender por qué lo hacía. Pero la niña seguía moviéndose de una forma extraña, moviendo primero los dedos hacia su boca, después hacía su nariz y también hacia sus orejas. Poco después movía los brazos dibujando unas cruces. Más tarde le enseñó el dedo índice y le señaló el final de la calle. El señor, solo entendió que algo sucedía al final de la calle, así que agarró a la niña de la mano después de taparla con la chaqueta que el hombre se quito de encima. Cuando ambos llegaron al final de la calle un hombre se acercó a ellos y dijo. —Llevo viendo a esta niña corretear por esta calle un buen rato, dígame que es usted su padre. —No, no lo soy, pero casi la atropello a la pobre. Estaba totalmente quieta en medio de la calzada. Además no me ha querido decir nada. Parece ser que tendrá algún problema psicológico. —Sí—dijo el otro hombre—o alguna especie de retraso mental—dijo mientras le acariciaba la cabeza a la niña. La niña seguía haciendo aspavientos con los brazos y además la ilusión de su cara ya se había desvanecido por completo. —¿por qué no la llevamos a la policía? Ellos sabrán que hacer. —Sí, genial idea. Espero que ellos encuentren a los padres. Porque imagino que alguien cuidará de ella. Tal vez, se haya escapado de alguna institución mental. —¡Vaya usted a saber! Hoy en día no hay mucha seguridad en este país—dijo mientras miraba con cara odio hacia la niña—. Mientras andaban por la calle colindante apareció una mujer. Una chica, joven, de unos 30 años corriendo directa hacía ellos. —¡Cariño!—gritó la mujer desde la distancia. Dios mío, ¿dónde te habías metido mi niña? Estaba preocupadísima. En ese mismo instante, la niña volvió a hacer nuevos aspavientos con los brazos señalando a los señores y su propia boca. —A ¿sí? Ustedes encontraron a mi hija. Muchísimas gracias. De nuevo, la niña volvió a hacer los movimientos que tenían completamente asqueados a los 2 señores. —¿Cómo es que la llamaron loca? ¿A ustedes les parece normal decirle eso a una niña de 8 años? Miren, les doy las gracias por encontrar a mi adorada niñita, pero váyanse ahora mismo antes de que me cabree. Los hombres, avergonzados, se dieron cuenta de que la niña simplemente no podía ver ni oír pero no era ninguna estúpida. Se disculparon y se largaron. Moraleja: No juzgues Antes

Escrito por: Jon Cousillas Santana > extasiate.blogspot.com.es
Ilustrado por:Tania Lozano > tanialozanomi.wix.com/inkbirds

 


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