Lo único valioso

agosto, 2013

Lo único valioso

 

Ahí sentado me encontraba, rodeado de caricaturas de personas como yo: empresarios hambrientos de mujeres, mujeres hambrientas de su dinero. Yo también cargaba con mis propios pecados aunque, a diferencia de mis compañeros bebedores, el alcohol servido con generosidad por el apuesto camarero asignado a mi mesa no conseguía que los olvidase.
Alcancé a contemplar mi reflejo en uno de los espejos que ocupaban parte de las paredes del establecimiento. La imagen que me devolvió no era nada halagadora, eso sí, fiel a la verdad como nada en aquel lugar. Producto de tantas noches humedecidas por muchas razones, mis ojos me miraron inyectados en sangre, haciendo un descomunal esfuerzo por no dejar caer una sola lágrima sobre aquel espejo que llegaba hasta el techo, varios metros sobre mi cabeza mal peinada, ahora desprotegida del sombrero que la buena educación exigía retirar en lugares cerrados, por muy mala que fuese la educación de los que allí estuviesen.
Mi alianza era lo único que brillaba en mí, también lo único de valor.
Por esa noche ya era suficiente. El dorado frío del anillo me dio el empujón que necesitaba para levantarme, pagar la obscena factura de mi depresiva actitud, y marcharme de allí antes de que mi reflejo se convirtiese en un retrato, uno más entre aquellas figuras desfiguradas, carentes de humanidad, que llegaron a ser mis iguales en el tiempo que yo mismo se lo había permitido.

Escrito por: Álvaro Domínguez > vidaalos20.com
Ilustrado por: Armando Villanueva > www.facebook.com/puntdartweb

 


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