Los pies pegados al suelo

marzo, 2013

Era el primer día, del primer otoño, del primer año después.

Sobre la plaza blanca él, como el que espera en una isla de cal, el naufragio de un barco de botellas. Ellos siempre firmes, ellos, cada uno en su papel, vigilantes, consentidos, distraídos pero pesados, siempre pesados.

[Una bufanda roja, como una promesa entre el pecho y el mentón,- siempre te acariciaré desde tu nuca a tu cuello-, esa zona que al frotar parece que alivia el cansancio y te devuelve al sueño]

Sobre la plaza blanca él, con su pelo canoso como escarcha y el rubor de la juventud aún en las mejillas, como antítesis del tiempo.

Ella siempre quiso volar, y él le compraba globos que ataba a sus manos, y saltaban con los brazos alzados al cielo, hasta que un día, ella, nunca más volvió a bajar. Desde entonces él siempre mira al frente [aún no ha reunido el valor para volver a mirar al cielo] y convive con seis perros, que le atan al suelo cada vez que sale a pasear.

Escrito por: Jorge Ortiz Robla > jorgeortizrobla.blogspot.com.es
Ilustrado por: Vanessa Santos > www.fraules.net

 


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