Melibea en sombra

junio, 2014

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Hartita me tiene el dichoso asteroide en suspensión

Salgo de casa con un sol radiante, estrenando gafas de sol, minifalda y botas, y la camiseta de Víctor, la que se dejó aposta hace un par de noches. Así me aseguro volver, decía, iluso. A mi cama vuelve quien yo elijo. Estaría bueno.

Me como el mundo para desayunar y sé que en la audición voy a arrasar. No hay rival. O Melibea o nada, por mis ovarios.
Pero es bajarme del taxi y, hala, toda la sombra para mí. Y mis cremas y mi colorete y mi pintalabios, todo oscurecido por el maldito semi planeta que lleva ahí instalado desde hace meses. Ni se mueve ni se va, como los mirones. Sólo se asienta sobre mi cabeza, con sus poliedros y sus azules que tan poco me favorecen.
Vamos a ver, científicos de pacotilla. Que si no tiene lógica que haya penetrado nuestra atmósfera sin descomponerse. Que si la gravedad debería atraerlo al suelo y estrellarse de una santa vez. Que si los campos magnéticos y la composición mineral de la estrella. Que si patatín patatán. Pero si ya ni el taxista lo mira, como si fuera un cartel, como si fuera una farola. ¡Como si fuera normal! Y gira, y gira, y gira, y nada, a estas alturas guarda menos misterio que la gilipollez de la bolsa de plástico de American Beauty. A mí que me lo expliquen.
Y en sombra mis gafas de sol son inútiles, mi minifalda se hace demasiado corta y las botas pierden el color. Y mira que es fea la camiseta de Víctor. Menuda mierda de audición me va a salir, por el puto planeta de las narices. Un buen misil y al carajo, digo yo. Pero no, no vaya a ser que liemos un desastre intergaláctico. Qué sabrán ellos de desastres… Obviamente, no le dejo propina al taxista, faltaría más.

Escrito por: Julio Teruel Sánchez-Vegazo > ego1981.blogspot.com
Ilustrado por: Harriorrihar > harriorrihar.blogspot.com.es

 


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