Neil Amstrong

octubre, 2012

Fuera de las fronteras y sin los referentes cartesianos…

La velocidad se mantenía en un constante vértigo y mi cuerpo permanecía como permanece la vigilia en los sueños. Y mi consciencia oscilaba entre desorientada y calma, en medio de una oscuridad infinita. Aparentemente el cuerpo que poseo parecía poseerme a mí, como si su quietud dejase perplejo a mi cerebro sin poder a penas lanzar orden alguna. Entonces me inundaba una parálisis indolora, dejaba de pensar en lo fascinante de la misión para, al cabo de un incierto rato, olvidar por completo las razones de encontrarme en esa situación.

Y no comía, y no bebía, y no entendía. Y todo comenzó a desmoronarse en mi memoria, quedando solo un cuerpo fetal sin recuerdos.

De repente, como todos los momentos, un zumbido potentísimo se acopló en mi oido acompañado por una fuerza centrífuga que ya conocía…pero ignoraba. Alguien me sacó de ahí: acababa de nacer.

Escrito por: Francisco Molero > franrelatos.blogspot.com.es
Ilustrado por: Amaia Anzola > www.amaiaarrazola.com

 


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