Por todo, ello

agosto, 2013

Por-todo,ello
Es frío, no ves como tirita mi voz. No, no es temor. Es frío. Pero no necesito calor, que
alguien apague el interruptor del sol. Hoy no dormí suficiente, me despertó el berrido de
tu voz, sollozaba en mi mente. Blas de Otero decía que las noches son para dormir, no
para plañir óperas de Wagner ni leer máximas de Goethe.
Me duele la cabeza. Hoy no tengo palabras, me las arrancó la noche y el astro no se
apaga, sus rayos son ostias de frente y cara contra mis ojos de pupilas secas.
Si me quieres dímelo, no me lo preguntes.
No me hables, tu voz carraspea en mis oídos, no ves que fumo demasiado, demasiados
versos:
Me gusta cuando luchas porque estás como ausente,
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te nota…
No. No quiero azúcar, tampoco leche, ni el café. Las tazas es mejor que se derramen
vacías así no machan las costuras
que cosen los sueños
que visten las curvas de mi cuerpo, es decir, de mis huesos.
Estás haciendo ruido, y yo tengo resaca por haber salido sobria. Anoche bailé con
Alfonsina Storni, pero me abandonó cuando leí a Djuna Barnes “Hija del Viento” de
Pizarnik en el WC del antro donde cantaba Patti Smith.
Y cuando podría haber estado metiéndose alcohol en vena, dejó meterse métrica suicida
con la última gota coagulando entre sus labios tras cada expiración de mi verso. Pero
Robert Mapplethorpe nos pilló, y capturó la foto, en blanco y negro, que hoy estampa la
portada de los periódicos locales.
Y tú no te callas, me lees a voz en grito cada titular, y yo me traiciono aceptando los
poemarios y libros que me regalas: Emily Dickinson, Concha García, Thomas Elliot,
una biografía no autorizada de Janis Joplin. Maybe, nunca has sabido cantar, no te han
enseñado a recitar con el ventrículo, te has quedado en la vena cava superior, y así claro,
sólo te salen pueriles gallos de voz que alimentan mi resaca de colesterol. Porque
anoche comí chopitos y puré de verdura sazonado con LSD por la madre que pario a
Allen Ginsberg.
¡Enjoy the silence!,
sé que te gusta esa canción.
Es respuesta cada vez que rezo por tu nombre, cuando mi llamada, te hace colgar y
descolgar del teléfono sin pretensión de tirar y arrancar el hilo dental de mi voz,
atascado entre palabras mudas, mientras mis muelas rechinan bajo un eco de mordiscos
por el deseo de contarte que anoche me versó Oliveiro Girondo, y yo me dejé violar, a la
par que, por detrás, Octavio Paz me metía mano por debajo de las costillas hasta
alcanzar y estrangular mi femoral. Y todo esto sucedía en el claustro que hace las veces
de Habitación de Hotel donde Cristina Peri Rossi empapelaba sus paredes lisas con
epístolas a Eminescu, usando de sello la lámina de un Hopper que colgaba torcido,
humedecido por el musgo, turbio y amarillo, en el que sólo vislumbraba tu mirada, que
me flagelaba por cometer tal pecado, en medio de una atmosfera alumbrada de Nada.
Y,
por todo ello,
hoy mi voz tiembla, por el intento de confesarte
que llevo prendada noches, que parecen años,
de un gran embarazo psicológico
que desprende llantos, cual alaridos,
de un niño nunca nacido.

Escrito por: María Luisa Duque > mariaduque2.wordpress.com
Ilustrado por: Jess Bazán > jessbillustration

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