Primera cita

noviembre, 2012

Observo como sale del baño en una nube de humo. Se confunde con la infusión de anís y hierbabuena que he preparado para bajar la velocidad de sus pulsaciones. Recuerdo bien mis primeras veces: el nudo ceñido en la boca del estómago, la vulnerabilidad a flor de piel y el exceso de sudor. Por eso no hago caso de sus inseguridades repentinas. Por eso desenredo su pelo hasta notar que mi mano se hunde como en un racimo de nubes y repito las palabras que me dijeron cuando era yo quien me dirigía a mi primera cita.

El caso es que consigue que me vista para la ocasión y conserva el tacto de mi mano hasta la misma puerta del restaurante. Donde alguien hace cinco minutos que espera. Y entonces, acariciándole de nuevo el brillante pelo cano, arreglándole la pajarita, le digo que ha llegado su momento. Que a sus cincuenta y nueve años ya no debe tener miedo. Que mamá estaría orgullosa de que intente sonreír de nuevo.

Escrito por: Carlos robles > elpetroleo.wordpress.com
Ilustrado por: Pili Aguado > www.laorugadecelia.blogspot.com.es

 


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